“Tengo
un corazón fríamente cálido, un alma desalmada, un control del descontrol,
facilidad para las caricias falsas e ilusión para las cosas sin futuro. Tengo
una vida llena de alegría, metáforas relacionadas con París y Cortázar, tengo
amores de un rato que pudieron haber sido para siempre, tengo toda la intención
del auto sabotaje emocional y sin embargo sigo siendo positiva para esas cosas
del amor, tengo una espiritualidad sin fe y sin oración, tengo altas ganas de
una vida taciturna en pleno verano, una carrera llena de Derecho chueco, amigos
con fidelidad a sabor splenda y una baja estima por los demás.”
Elina,
la de los ojos bien pigmentados color avellana, la de la piel color arena, se
preparaba para ir a la universidad un jueves en la mañana, mañana sabor a
Francia, con un café, un croissant y el libro de “Paris era una fiesta” del no
tan estimado Hemingway, ella siempre había creído que Kundera basó su libro -La
Insoportable Levedad del Ser- en ella. Ella era una mezcla de Teresa y Sabina,
e incluso de Tomás, pero ¿que no todo el mundo era una mezcla de personajes? Todos
tenían diferentes facetas y personajes con diferentes personas, ella a veces
había sido la víctima como Teresa pero otras, había tenido la sensualidad
abrasante de Sabina y su levedad frente a la relación con Tomas, otras veces
juraba que era Tomás porque tenía claro lo que era una casualidad y esa
incertidumbre del amor formal, el amor obligado.
Le
gustaba pensar que la vida era una gran casualidad y que en el libro abierto de
las probabilidades a ella le habían tocado esas personas, esa familia, esos
amigos y ese mundo; no se quejaba, ella vivía siempre en sus historias algo
reales pero también algo mágicas, a cada acontecimiento que le pasaba en su
cabeza lo narraba como una historia de García Márquez.
-¡Vaya
niña tonta!- Decía su novio, -Quieres que todo sea como en tus libros de amor,
bájate de la nube-.
Ella
nunca se bajo, de hecho ella no quería que todo fuera como en sus libros, ella
quería que todo fuera como era en su mente, su mente era mejor, su mente era un
universo paralelo, un mundo alterno en donde el dinero se ganaba con honestidad
y esfuerzo, el amor se pagaba con amor, las cosas materiales eran nulas y las
amistades eran reales, la vida era de uno y no de los padres, la meta común era
la felicidad y no el dinero, el corazón era compartido y no existían
prejuicios.
Es
mentira, todo es mentira, en su mente ella era amiga de los alienígenas, la
cursilería no existía tampoco la gente tonta y hueca, las mentiras se castigaban
con azotes y la hipocresía moral era pecado mortal.
Ella
se preguntaba ¿por qué pensaba así?, ¿por qué no pensaba como todos los demás?,
o más bien ¿Por qué los demás no pensaban como ella?
-No
quiero a nadie-
-pero,
TENGO MIS RAZONES PARA QUE ME QUIERAN.-
ACRU.
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